febrero 14, 2012

SAN VALENTIN, AUNQUE SEAMOS MALDITAS


En la noche comprendo mi vida. No puedo creer que todo vaya bien, de repente todo va bien. Le quiero. Me quiere. Pienso que no es posible, espero de un momento a otro el mazazo, el golpe definitivo, el hacha que cae sobre mí, porque me doy cuenta de que siempre he pensado que la felicidad no es para mí, que las parejas perfectas no son para mí, que son cosas que les suceden a otros y ni siquiera a tantos. Igual que algunas personas creen que los accidentes siempre los tienen los demás, yo me he acostumbrado a que los demás sean los que pueden ser felices. Tengo miedo, pánico a esta sensación de que las cosas, por fin, comienzan a marchar bien. Me parecen las trompetas del Apocalipsis, la evidencia de que algo terrible está a punto de suceder y trato de apartarlo de mi cabeza. Sé que la batalla final está dentro de mí ¿Por qué no he de ser feliz yo? ¿Por el hecho de que miles de seres humanos no lo sean? ¿Porque la felicidad no existe? Creo que la felicidad sí existe. Somos nosotros los que apenas existimos. Por eso no nos ve. ¿No he llegado hace tiempo a la conclusión de que el cielo y el infierno (sobre todo el infierno) existen en esta vida, sólo en esta vida? El cielo y el infierno están aquí y ahora y nosotros los construimos o los destruimos con cada respiración, con cada beso, con cada patada, con cada orgasmo, con cada miedo. El miedo guarda la puerta del infierno y protege la puerta del cielo. Miedo a ser feliz, miedo a ser libre, miedo a ser yo.

Eugenia Rico (Aunque seamos malditas)

febrero 03, 2012

AUNQUE SEAMOS MALDITAS (IV)



Los cuervos son letras en el aire. Letras negras que dudan, quieren formar una palabra en el cielo pero no se atreven. Parecen notas musicales sobre un pentagrama de nubes oscuras esos cuervos que se reúnen de repente como si fueran roqueros. El cuervo es un ave solitaria. Le prestó buenos servicios a  Edgar Allan Poe. Pero, en el mundo real, ya casi no se ve ninguno. Aquí las reinas siempre han sido las gaviotas. Los cuervos siempre han tenido mala prensa y las gaviotas siempre han sido populares. No soporto a las gaviotas. Ratas del aire, acaban con los peces indefensos de la bahía. Me gustan en cambio los cuervos. No le hacen daño a nadie. Pero son impopulares. No se les quiere. Como a mí.

Aunque seamos malditas (Eugenia Rico)

febrero 02, 2012

AUNQUE SEAMOS MALDITAS (III)




Durante años me había empeñado en vivir, en comprar un piso, en tener una hipoteca. Creemos que lo que compramos es para siempre, no nos damos cuenta de que siempre estamos de alquiler. De alquiler en nuestras casas y en nuestros cuerpos. Compramos, por ejemplo, una vivienda, que será nuestra sólo el tiempo que nos quede de vida, pero ser propietarios nos da ilusión de eternidad. Hemos comprado algo “para siempre”, para lo que dure ese siempre.

Aunque seamos malditas (Eugenia Rico)

febrero 01, 2012

AUNQUE SEAMOS MALDITAS (II)

Era pobre y cuando tuve dinero descubrí que seguía siendo pobre. Toda tu vida eres tan pobre o tan rico como lo has sido de niño.

Ellos me dieron dinero.
Para callarme la boca.

Cuando se tiene dinero, el dinero es como un colchón de plumas. No cambia la realidad, la acolcha. A veces el colchón de plumas se extiende sobre las paredes; en ese caso, no impide que oigamos la realidad pero hace que las voces parezcan venir de muy lejos. Y ni siquiera el dinero puede borrar los recuerdos.

"Aunque seamos malditas" (Eugenia Rico)