diciembre 31, 2009

BLUEMOON



El año se remata con el raro fenómeno «bluemoon», o luna triste, luna extraña, por ser la segunda luna llena que se produce en un mismo mes, algo que sucede muy de cuando en cuando.
En el siglo XX, por ejemplo, sólo hubo 40. Es un momento con significado especial: una Luna mágica cuando se pueden fijar objetivos a largo plazo. Se utiliza para sembrar las semillas del futuro; así tendrán tiempo para germinar y crecer hasta que aparezca la siguiente.

Mis mejores deseos para quienes viven haciendo que este mundo sea un poco mejor, in other words…
Fly me to the moon and let me play among the stars…


diciembre 28, 2009

ANTES DEL ATARDECER


Llegué a la secuela, con curiosidad pero sin esperanza. Me gustó reencontrarme con la pareja. Me gustó cómo se reencontraron ellos. Como lo haría yo.

De nuevo entré de lleno en la burbuja. En ese mundo donde sólo existen dos. En ese paseo donde ambos intentan descubrir a contrarreloj que hay de lo que fue. Ya no son los mismos. El tiempo ha pasado dejándoles huella. A él demacrándole el rostro pero regalándole una mirada que habla sin palabras. A ella le perdonó la belleza pero a cambio la condenó al desencanto.

Lo de Hawke… ¿es una interpretación? ¿De verdad? ¿No será que estaba pillado por la Delpy hasta las trancas? Esos gestos, esa mirada, esa sonrisa, esa luz que desprende… el Jesse de París es amor, y punto.

Todo era envolvente y plácido pero de repente una frase. La frase. En crudo y sin abstractos. Una docena de palabras que me sacudieron violentamente, por el significado, por el contexto, por la extraña y profunda casualidad. Pero después de ésa vino otra y luego otra y en la siguiente escena vinieron más… ya no eran exactas ni literales pero eran mías.

Si, como dicen, el cine debe imitar a la vida Linklater (junto a sus dos actores que no parecen tales) lo clava. A ráfagas, a destellos, a flashes pero lo clava. Con un guión que respira verdad en poco más de una hora me absorbe, me sorprende, me hipnotiza, me enamora de Jesse (de este Jesse), me perturba por hacer asombrosamente fácil lo más complejo, incluso me asusta por revelar los negativos que se guardan velados.

Consigue que me cabree conmigo misma por haberla tenido varias veces entre las manos y haberla desechado pensando que era una más, una del montón, una peli cualquiera; que me pregunte qué estaría haciendo yo en el 2004 en vez de ir a verla al cine y además me recuerda que hay películas que son un regalo. Por todo eso le aplaudo. Y le doy las gracias.

ANTES DEL AMANECER



Yo, definitivamente, creo que existe algún tipo de magia.
Un día como otro cualquiera te levantas, te diriges hacia una jornada que acaba de comenzar, con tus pensamientos puestos en las cosas más prosaicas y simples. En realidad no se trata más que de hábitos repetidos constantemente. Piensas en tu ducha matinal, en la ropa que te vas a poner, en el desayuno y en el destino al que te vas a dirigir. El centro de estudios, el trabajo, donde quiera que te dirijas normalmente...
O puede que estés haciendo algo distinto. Puede que estés viajando y te encuentres lejos del lugar que llamas hogar. En ese caso, estás pensando qué tren vas a tomar y hacia dónde. Te subes al tren y te acomodas en el asiento, envuelta en ese estado de ánimo agradable que te acompaña cuando sabes que vas a pasarte horas a solas contigo misma, sin hacer nada más que dejar a tu mente vagar, mirar por la ventanilla y sumergirte en la lectura de un libro. Sin más planes inmediatos que los de dejarte llevar hacia el próximo destino.
En ese momento, un chico se sienta cerca de ti. Le miras, por el acto reflejo de levantar la vista cuando vemos que alguien se mueve. El también te mira. Y ocurre algo. Tu corazón es más veloz que tu pensamiento y ya intuye que este trayecto no se va a limitar a dejarte a solas. Antes de que puedas pararte a razonar, tu instinto está actuando por su cuenta, y él percibe tu reacción.
Tal vez sienta lo mismo que tú. Tienes que hablarle o morir ahí mismo, porque sabes que te arrepentirás durante todo lo que te quede de vida si no lo haces. Y lo haces. Estableces el contacto. Y él te responde.
Sois dos desconocidos que se han cruzado en un punto de sus trayectorias dispares. En ese instante breve de la intersección, viajáis juntos. La unión de ambas trayectorias va a durar una escasa fracción de tiempo, ambos sois conscientes de ello pero, pese a todo, o quizás a causa de ello, tomáis la súbita decisión de compartir el uno con el otro más de lo que hayáis compartido jamás con nadie porque, paradójicamente, en ocasiones es mucho más fácil abrir el alma ante un extraño que ante alguien a quien conoces.
Puedes hablar libremente porque no vais a disponer de tiempo suficiente para nada más. Es como cuando vas a pasar el día a una playa lejana donde eres alguien anónimo, y por ello decides quitarte toda la ropa, sin que te importe que te vean desnuda.
Habláis y habláis, y vais desgranando trocitos de pensamiento y de corazón, y descubrís que probablemente no exista ningún otro lugar en el que desearíais estar, ni otra persona con la que hablar, que os haga sentir tan bien.Así da comienzo el amor. Entre conversaciones que van brotando como un manantial formado por gotas de agua. Entre los puentes que se tienden de una mirada a otra. Entre risas compartidas. Entre el placer y la certeza de que ahora no hay nadie más en este mundo con quien querrías estar. Sólo con ella. Sólo con él.

Qué grandes diálogos, que magníficas actuaciones, que preciosa fotografía.....con que sencillez se puede hacer una película tan auténtica. Es una historia que a todos nos gustaría vivir.Lo bien que me sentí cuando terminó, la sensación que me dejó...

AVATAR



Los escenarios, aunque tal vez demasiado coloristas, son de una belleza embriagadora, los Na’vi gozan de una expresividad orgánica jamás vista antes en personajes recreados por ordenador, las escenas de acción son al más puro estilo americano (tiros, fuego, bombas, helicópteros y, aquí sí hay novedad, los marines son los malos). La historia, en cambio, es tópica, los personajes rozan el estereotipo y su evolución es previsible. El guión se centra en convertir a los indígenas azules en émulos de los nativos norteamericanos (o cualquier raza oprimida por el primer mundo…) y a la raza humana en el representante brutal de la ambición desmedida. Críticas al militarismo, el imperialismo e incluso el capitalismo son evidentes, así como odas a la ecología, la paz y la conexión interior entre todos los seres. Sin embargo, estas taras en el libreto pasan totalmente desapercibidas.

CASABLANCA



Casablanca es una de esas películas que uno puede ver dos, tres, cinco o diez veces… y no la había visto ni una, hasta el sábado.

Por amor se hace cualquier cosa, incluso arriesgar tu propia vida, pese a no poder ser correspondido, por desamor uno pierde el norte, los ideales, la razón y la vida se vuelve opaca, un negativo sin revelar; aunque te escondas en algún recóndito lugar, y sea allí donde aparezca quien apagó el interruptor… y sea entonces cuando se comprenda y aquel por qué martilleando una y otra vez los recuerdos, desaparezca y todo se ve claro, magnífico…

ILSA: ¿Nuestro amor no importa?
RICK: Siempre tendremos París. No lo teníamos. Lo habíamos perdido hasta que viniste a Casablanca; pero lo recuperamos anoche.

Y la vida vuelve, aunque sea en soledad, porque fue real, bello, verdadero y compartido.

CUATRO BODAS Y UN FUNERAL



No hay nadie en el mundo que haga tan bien de Hugh Grant como Hugh Grant. En Cuatro bodas y un funeral se inventó todo un personaje, patentado, tan solvente como divertido. Que Hugh se enamore de Andie Macdowell es completamente normal; que rechace una proposición de noviazgo de Kristin Scott Thomas, ya no.

Bajo un manto de tragicomedia hilarantemente divertida destila romanticismo, intimista y pudoroso, por todos sus poros. Maravilloso e inolvidable plano secuencia final bajo la lluvia, donde la palabra amor, despojada de tópicos y corsés, adquiere una dimensión pocas veces vista en una pantalla de cine.

TIENES UN E-MAIL



Como realizar un cuento para adultos a raíz de la tecnología. A finales de los 90 Internet llegó a su nivel más alto a nivel usuario. Se convirtió en una auténtica fiebre; lo único que interesaba era el chat... y quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Internet se convierte así, en el sueño que cualquier persona hubiera deseado en tiempos pasados para conocer a otra persona sin tener que viajar, sin tener que arreglarse para salir el viernes por la noche, es sin duda una de las películas pioneras en lo que se refiere al romance electrónico. Vale que es previsible, vale que está llena de tópicos típicos y vale que puede ser un pelín cursi, pero es que esta película también es divertida, llena de frescura, con unas interpretaciones muy naturales y con un humor realmente encantador.

diciembre 23, 2009

UN DESEO ANTES DE NAVIDAD


Sólo cuando un pequeño y perfecto copo de nieve cayó sobre la punta de su nariz, Natividad sintió el frío de aquella vacía navidad en su interior.

Subió las escaleras del portal hasta llegar a un quinto izquierda, su quinto izquierda, sin ascensor, sin calefacción y en cuestión de un mes, sin luz. Abrió la puerta y, sin quitarse la cazadora, se derrumbó en el sofá de su salón-cocina. No le dio tiempo a ponerse cómoda porque, al poco de tumbarse, apareció a su lado un niño de siete años, su niño de siete años, con los brazos en jarras y cara de reproche.

-Son las ocho y media –protestó- llegas muy tarde hoy.
-Lo siento hijo –contestó ella- pero la entrevista se alargó un poco.
-¿Ya tienes trabajo?
-No, cielo, aún no.
-¿Y por qué?
-Porque otro señor bigotudo me ha vuelto a decir: “gracias, ya te llamaremos”
-¡Ah!...

“Señor bigotudo” era la única designación mínimamente cariñosa que encontró Nati para habar a su hijo de aquellos que la rechazaban como auxiliar administrativo, oficio del que había prescindido cuando se casó y que tanto necesitaba ahora que su marido se largó con el dinero.

-¿Qué hay para cenar?
-Creo que queda algo de pescado en el congelador –contestó Nati- incorporándose del sofá. Calentó la cena y se la sirvió al niño, ella no tenía hambre.
-¿Por qué no comes, mami? ¿No tienes hambre? ¿Estás enferma?
-No, no lo estoy.
-Entonces estás triste, sí es eso, y seguro que es por papá.
-Papá ya no nos quiere- respondió Nati mecánicamente- y no me pasa nada.
-No se dicen mentiras, Papá Noel te traerá carbón.
-Anda, come y calla- sentenció la madre, intentando concentrarse en fregar cacharros para que él no la viese llorar. El silencio del pequeño no duró mucho.
-Hoy he ido con la abuela al centro comercial, ¿y sabes qué? he echado mi cara al buzón de Papá Noel. Este año no quiero juguetes, he pedido otra cosa.
-¿Otra cosa? –“genial” pensó Nati, sarcástica, con el dineral que me he gastado en el “Scalextric” por el que tanto suspirabas- ¿y qué es?
-No te lo puedo decir, porque he pedido un deseo, uno muy importante, y si te lo digo no se cumple.
-Ya, claro.
-Mami, ¡mañana por fin es Navidad! ¿Qué vamos a hacer?
-Tendrás que pasar el día con la abuela, yo he quedado con una amiga que me puede ayudar a encontrar trabajo.
-¡Pero si es fiesta!
-Hay personas que no tienen vacaciones.

Nati acostó a su hijo, le dio las buenas noches y mató el tiempo viendo la típica película cutre de la víspera de Navidad, hasta estar segura de que el niño estaba dormido, entonces colocó el “Scalextric” bajo su pequeño árbol, adornado con bolas que, en su día, fueron color azul brillante, ahora casi opaco. Nati no pudo evitar comparar su vida con esas condenadas bolas de plástico.

Pasaban nueve minutos de la medianoche cuando apagó la televisión, se cubrió con una manta y salió al balcón a fumar un cigarrillo. Era un vicio asqueroso que había empezado con su ex marido, pero por muy perjudicial que fuese para su salud, y su bolsillo, Nati no se veía capaz de dejarlo, no en su desesperante situación.

Había dejado de nevar y la calle estaba blanca, desierta, a excepción de un pobre hombre, con ropa desgastada y larga barba gris. Estaba sentado en un banco, en la acera opuesta, mirando el papel que tenía en sus manos. Como si aquel vagabundo sintiera la mirada de Nati, alzó la vista directamente hacia ella. Desde su quinto izquierda Nati creyó ver en el rostro de aquel anciano una sonrisa traviesa. Restándole importancia apartó la vista de él, para observar las luces de colores que adornaban toda la avenida, después apagó el cigarrillo y, sin querer, volvió a mirar hacia el banco, el hombre ya no estaba allí.

Unos gritos despertaron a Nati cuando aún era de noche:

-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Adiós mamá!

Asustada, se levantó de un salto de la cama y corrió a la habitación de Hugo. Al principio no entendía lo que estaba viendo. Era algo totalmente surrealista, tanto que tuvo que apoyarse en el marco de la puerta para no desplomarse. Su hijo acababa de subirse a un colosal trineo, aparcado en el vacío, al otro lado de la ventana. Junto a él estaba el hombre de ropa desgastada y barba gris que Nati había viso desde el balcón. La miraba fijamente y sonreía. No era una sonrisa malvada, ni retorcida, sólo parecía estar esperando la reacción de Nati.

-No…-dijo ella, ahogada- no te lo lleves, no me lo quites…
-¿Por qué? – preguntó él.
-Porque… él es todo…lo único que de verdad importa. Llévate lo que quieras, por poco que tenga, si mi hijo está conmigo, no me faltará nada. No te lo lleves…-repitió- Pero ya era tarde. Con un sutil movimiento de las riendas, los renos retomaron su marcha, y con una sonrisa aún más amplia, el anciano se llevó al niño con él. Nati no pudo más. Cayó de rodillas sobre el suelo y llevó las manos a la cabeza, viéndose sola y diminuta en medio de una noche que ya no se acabaría, no para ella.
-Mamá, ¡Ya es Navidad! ¡Despierta!
Nati se incorporó precipitadamente sobre su cama para, acto seguido, taparse los ojos con la mano, cegada por la luz de la mañana.
-Hugo… ¿eres tú? –murmuró.
-Sí, claro, ¿quién si no? ¿Por qué lloras? No estés triste hoy porque…
No le dio tiempo a terminar la frase porque su madre se abalanzó sobre él para abrazarle y besuquearle hasta que el niño empezó a protestar.
-No te preocupes, mi vida, que no estoy triste, ya no. Hoy tuve un sueño demasiado real y…¡ay, Hugo! Te quiero mucho…
-Y yo a ti, pero no te pongas así, mamá, que no es para tanto.
-¿Sabes qué? hoy no voy a ninguna parte, ya buscaré trabajo. Hoy es Navidad y hace mucho que tú y yo no pasamos un día entero juntos, así que… ¿qué quieres que hagamos?

Después de abrir los regalos, desayunar y hacer un desastroso muñeco de nieve en el parque Nati recibió una llamada de un señor bigotudo, dueño de unos grandes almacenes. Le comunicó que estaba contratada como su secretaria. Para celebrarlo, madre, hijo y abuela incluida fueron a comer juntos.

Cuando volvían a casa, de noche ya, después de la sesión de cine infantil, Nati no pudo evitar mirar el banco de la noche anterior. No había ningún mendigo pero, por increíble que parezca, allí estaba el sobre, blanco y abandonado.

-¿Qué haces mamá? ¿Por qué te paras de repente?
-¿Puedes ir subiendo tú a casa? Toma las llaves, yo voy a…comprar… tabaco.
El niño obedeció y Nati cruzó la calle, cogió el sobre del banco y, temblando, lo abrió. La carta de su interior era breve, escrita con letras torpes pero claras, de un escritor con poca experiencia en caligrafía. Decía así:

Querido Papá Noel,
Mi mamá está muy preocupada porque no encuentra trabajo y en casa hace mucho frío porque no puede pagar la calefacción. También está muy triste porque está sola desde que papá se fue, aunque yo creo que es mejor así, porque él la trataba mal. Por eso te pido que la ayudes, para que sepa valorar lo que tiene y sea un poco más feliz, y que sepa que no está sola, porque yo estoy siempre con ella y siempre lo estaré.


¡Feliz Navidad!


Hugo

(Andrea Mateo)

diciembre 21, 2009

INVIERRRRRRNO


Entre resbalones, así hemos recibido el invierno. El ayuntamiento de esta ciudad, prefiere que sus ciudadanos se caigan a contaminar el ambiente arrojando cloruro sódico sobre las calles (para que luego digan de la ineficacia en la conferencia celebrada en Dinamarca, tan poca sal ha arrojado al asunto que todo sigue igual –de mal-)


En días como hoy, los que hemos paseado entre hielos desafiando la ley de la gravedad más grave (terminar en el hospital con alguna rotura), sonreímos porque la lluvia, y tener algún grado en el termómetro, hacen posible que conservemos la salud. A ver si también nos toca un buen pellizco de lotería. Suerte!!



Fotografía: Luis Miguel Ramos Blanco