abril 24, 2007

LA CULTURA DE LA POBREZA

DESPUÉS DE VEINTE AÑOS

Cuando yo tenía catorce años,
me hacían trabajar hasta muy tarde.
Cuando llegaba a casa, me cogía
la cabeza mi madre entre su smanos.

Yo era un muchacho que amaba el sol y la tierra
y los gritos de mis camaradas en el soto
y las hogueras en la noche
y todas las cosas que dan salud y amistad
y hacen crecer el corazón.

A las cinco del día, en el invierno,
mi madre iba hasta el borde de mi cama
y me llamaba por mi nombre
y acariciaba mi rostro hasta despertarme.

Yo salía a la calle y aún no amanecía
y mis ojos parecían endurecerse con el frío.

Esto no es justo, aunque era hermoso
ir por las calles y escuchar mis pasos
y sentir la noche de los que dormían
y comprenderlos como a un solo ser,
como si descansaran de la misma existencia,
todos en el mismo sueño.

Entraba en el trabajo.
La oficina
olía mal y daba pena.
Luego,
llegaban las mujeres.
Se ponían
a fregar en silencio.

Veinte años.
He sido
escarnecido y olvidado.
Ya no comprendo la noche
ni el canto de los muchachos sobre las praderas.
Y, sin embargo, sé
que algo más grande y más real que yo
hay en mí, va en mis huesos:

Tierra incansable,
firma
la paz que sabes.
Danos
nuestra existencia a
nosotros
mismos.


Antonio Gamoneda, ganador del Premio Cervantes 2006.

Discurso de ANTONIO GAMONEDA al recoger el Premio Cervantes 2006






abril 11, 2007

SUERTE O DESGRACIA


Había una vez un niño pobre que vivía en China y estaba sentado en la acera, a la puerta de su casa. Lo que más deseaba en este mundo era un caballo, pero no tenía dinero. Justo ese día pasó por su calle una manada de caballos con un potrillo incapaz de acompañar al grupo. El dueño de la manada, que conocía el deseo del niño, le preguntó si quería el potro. Exultante, el niño aceptó Un vecino, al saber lo ocurrido, dijo al padre del niño que su hijo tenía mucha suerte. El padre le preguntó por qué, y el vecino respondió: "Su hijo quería un caballo, pasa la manada y le regalan un potrillo, ¿no es eso suerte?". "Puede ser una suerte o una desgracia", contestó el padre.

El niño cuidó el caballo con celo pero un día ya crecido, el animal huyó. Esta vez el vecino dijo: "Su hijo no tiene suerte: le regalan un potro, cuida de él y cuando crece, huye". "Puede ser una suerte o una desgracia" repitió el padre.

Pasó el tiempo y un día el caballo regresó con una manada salvaje. El niño, que ya era un muchacho, consiguió cercarlos y adueñarse de todos. Y el vecino dijo: "Su hijo tiene suerte: recibe un potro, lo cría, éste huye y vuelve con una manada de caballos salvajes". "Puede ser una suerte o una desgracia", respondió de nuevo el padre.

Más tarde el joven se rompió una pierna mientras domaba a uno de los caballos. El vecino entonces dijo: "Su hijo no tiene suerte: el potro huye, vuelve con una manada salvaje y al domar a uno de los caballos se rompe una pierna". "Puede ser una suerte o una desgracia", insistió el padre.

Días después, el reino donde vivían declaró la guerra al reino vecino. Todos los jóvenes fueron reclutados, menos el que estaba con la pierna rota. Y el vecino dijo: "su hijo tiene mucha suerte..."

La vida es así: todo lo que sucede puede ser una suerte o una desgracia. Lo que al principio parece una desgracia, en el futuro puede ser una suerte.