enero 24, 2007

UN PREMIO DE CUENTO


El pasado treinta de Noviembre recibí una llamada telefónica. La concejala de Igualdad de Oportunidades, del Ayuntamiento de León, me comunicaba que había sido premiada con el accésit de reconocimiento al mejor relato de autora/or, del Municipio de León, en la XVII edición del Certamen de Relatos breves “Imágenes de Mujer”, por el relato “Cole, colección”. Después de colgar el teléfono tardé unos minutos en reaccionar, no estoy acostumbrada a recibir premios, sentí una inmensa alegría.
Dice la Real Academia de la Lengua que un premio es la recompensa, galardón o remuneración que se da por algún mérito o servicio, para mí este premio ha sido mucho más que eso...

La inspiración, como el amor, llega cuando menos te lo esperas... y se va cuando más lo necesitas.

enero 22, 2007

QUE LOS CUENTOS TE ACOMPAÑEN


La sustancia de la educación en los primeros años es el aprendizaje de lo que Theodore Roszak llama “ideas maestras”, los paradigmas morales y metafísicos que se hallan en el corazón de todas las culturas. Un modelo clásico en la historia de la pedagogía occidental: en el mundo antiguo, las epopeyas homéricas (leídas o recitadas) eran los textos en los que los niños aprendían los valores de su civilización. Aprendían de los cuentos de aventuras y de los ejemplos heroicos, que luego podían imitar jugando incesantemente en los caminos y los campos. Toda cultura sana hace que sus hijos pasen por este período homérico en el que imágenes épicas, cuentos de hadas, cantares de gesta, historias bíblicas, fábulas y leyendas llaman a la mente en crecimiento a perseguir algún fin elevado. Ese período echa los cimientos del pensamiento. Los “textos” no tienen por qué ser exclusivamente literarios. Pueden ser rituales, como ocurre en muchas sociedades tribales, donde los mitos se encarnan en ceremonias festivas. O pueden ser obras de arte, como los vitrales y las estatuas de las iglesias medievales. Las ideas maestras pueden enseñarse de muchos modos.

Benditas son las culturas que pueden recurrir a Homero, los cuentos bíblicos o el Mahabarata para educar a los jóvenes. Aunque los niños interpreten esta clase de literatura de un modo sencillo, como si se tratara de un juego, lo cierto es que entran en contacto con un material de gran seriedad. Aprenden que crecer significa hacer proyectos asumiendo la responsabilidad plena de lo que se elija. Hacerse cargo de la propia vida en presencia de un modelo noble. Las mentes jóvenes buscan esta guía; ejercen sus facultades imaginativas ideando fantasías de grandes búsquedas, grandes batallas, grandes proezas de astucia, osadía, pasión, sacrificio. Se labran su identidad de acuerdo con las pautas de dioses y diosas, reyes y reinas, guerreros, cazadores, santos, tipos ideales de madre y padre, amigo y vecino. Quizás algunos de ellos aspiren a ser los bardos y los artistas de la nueva generación que llevarán adelante los ideales de su cultura. La educación empieza dando a la mente imágenes para pensar en vez de untos de datos o máquinas.

Enseñar a los niños los valores heroicos de su cultura presenta un problema. Si se dejan en manos de padres y maestros, pero sobre todo de la Iglesia y del Estado donde estas instituciones sean dominantes, los ideales se convierten fácilmente en formas de adoctrinamiento, ídolos de la tribu que pueden tiranizar la mente joven. El heroísmo se transforma en chauvinismo. Las ideas maestras se abaratan al ponerlas en manos de mentes estrechas y tímidas que al crecer se han alejado de su propia exuberancia infantil.
En manos de grandes artistas, como Homero, las imágenes nunca pierden la complejidad redentora de la vida real. Los héroes conservan sus flaquezas humanas en grado suficiente para no alejarse demasiado de los seres de carne y hueso. Aquiles, el más grande de todos los guerreros, es, pese a ello, tan vanidoso y malcriado como un niño, una figura trágicamente imperfecta. La plenitud de la personalidad de estos héroes es lo que deja a sus admiradores en equilibrio entre la adulación y la incertidumbre. El ideal tiene más de una cara; la mente se ve acosada por el pensamiento de “sí, pero...”

Los griegos que criaban a sus hijos con una dieta de temas homéricos, también produjeron a Sócrates, el tábano filosófico cuya misión consistía en picar a su sociedad para hacerla reflexionar. “Conócete a ti mismo”, insistía Sócrates ante sus estudiantes. Pero, ¿dónde puede empezar el conocimiento de uno mismo si no es en el acto de poner en entredicho valores ancestrales, identidades prescritas?

¿Qué es la verdadera valentía? Pregunta Sócrates, ofreciendo otras imágenes, imágenes contradictorias, algunas de las cuales desafían a Homero. Al instante, una idea se opone a otra y los estudiantes deben tomar sus propias decisiones, juzgar y escoger. Las sociedades raramente honran a sus espíritus socráticos. Atenas, irritada por sus críticas insistentes, que sobrepasaron los límites de su tolerancia, condenó a muerte al más grande de sus filósofos. Ninguna teoría educativa que carezca de semejante contrapunto socrático puede albergar la esperanza de liberar a los jóvenes para que piensen cosas nuevas, se conviertan en personas nuevas y de esta forma renueven la cultura.

En unos momentos en que nuestras escuelas se están llenando de tecnología educativa avanzada, puede parecer casi perverso ponerse a buscar ideales educativos en sociedades antiguas y primitivas que para enseñar disponían de poco más que de la palabra hablada. Pero quizás haga falta un contraste tan grande para fomentar una visión crítica apropiada del papel del ordenador en la educación de los jóvenes..

Todas las sociedades, modernas y tradicionales, han tenido que decidir qué deben enseñara sus hijos antes de poder preguntarse cómo enseñárselo.

La formación de los jóvenes ha sido siempre una mezcla de habilidades básicas (leer, escribir y calcular o cazar y recolectar) e ideales elevados. Aún en el caso de que nuestra sociedad tuviera que decidir que la instrucción informática debería incluirse entre las habilidades que enseñamos en las escuelas, todavía nos quedarían por enseñar los ideales de la vida. La mayoría de los educadores son conscientes de este hecho y consideran que el ordenador es, ante todo, un medio de instruir. El ordenador lleva consigo un currículum oculto que choca con los ideales que ellos quisieran enseñar. Ésta es una poderosa herramienta de enseñanza, una máquina inteligente que conlleva ciertos supuestos profundos acerca de la naturaleza de la mentalidad.

En los inicios del crecimiento de las mentes jóvenes hay un intervalo crítico durante el cual necesitan el sustento de imágenes e ideas portadoras de valores, la clase de temas homéricos que les abren las puertas de la aventura de la vida. Pueden esperar indefinidamente a aprender todo lo que la mayoría de las escuelas les enseñarán sobre los ordenadores. Las habilidades de valor indiscutible que la tecnología pone a su alcance pueden guardarse para más adelante, para los años de instituto e incluso de universidad. Pero si los cerebros jóvenes se han perdido los cuentos de hadas, las historias épicas, los mitos y las leyendas, es difícil volver atrás y captarlos de nuevo con ese sentido fértil de asombro ingenuo que es propio de la infancia. Si el gusto por la indagación socrática no se aviva durante la adolescencia, en la mente que crece pueden formarse hábitos de sumisión que dificultan la tarea de liberarse de la mano muerta de la dominación paterna y de la autoridad social.
Existe un consenso generalizado en el sentido de que la labor que realizan nuestras escuelas oscila entre lo deficiente y lo mediocre en lo que se refiere a fundamentar estos cimientos intelectuales. Muchas son las razones de la enfermedad que padece la escuela: los maestros están sobrecargados de trabajo y su labor no se aprecia en lo que vale, tienen que tratar con estudiantes aburridos, rebeldes, aturdidos o desmoralizados. Las escuelas comparten y reflejan todos estos problemas, que a veces frustran los esfuerzos de los mejores maestros. Vale la pena saber dónde radican los grandes problemas y saber también que no pueden resolverse rápidamente recurriendo a la tecnología. Los ordenadores no curarán unos males cuya naturaleza es social y política.

Las ideas maestras pertenecen a todos los campos del pensamiento. Sería un triste error introducir un número reducido de vulgares habilidades informáticas en la educación de los jóvenes de algún modo que bloquease las facultades inventivas.

Cuando introducimos a los niños en el reino de las ideas, les aportamos el don de la aventura intelectual. Los niños empiezan a darse cuenta de las dimensiones del pensamiento y de las posibilidades de la percepción íntima original. Las ideas se despliegan, ya sea en forma de palabras, imágenes, números o gestos. Revelan habitaciones dentro de habitaciones dentro de habitaciones, una apertura constante a mundos de especulación inesperados, más grandes.

El arte de pensar se basa en la asombrosa capacidad que tiene la mente de crear más allá de lo que se propone. Más allá de lo que puede prever.
EL CULTO A LA INFORMACIÓN. (Theodore Roszak) Editorial Gedisa. Barcelona, 2005.

enero 21, 2007

EL PRINCIPE AMED Y EL HADA

La princesa Fazilé quedó huerfana de muy joven, de manera que su tío, el sultán de Agadir, la llevó a su palacio y la cuidó como una hija más, pues él tenía tres varones. Cuando Fazilé cumplió los dieciséis años, era una joven dotada de una belleza excepcional, y sus tres primos, Saud, Faisal y Amd, se disputaban su amor.
Después de profundas reflexiones, el sultán llamó, cierto día, a sus tres hijos, y Fazilé se hallaba presente en la entrevista.
El sultán empezó así:
-Fazilé, hija mía, mis hijos se disputan tu amor, y creo conveniente que te decidas por uno de los tres.
El hermoso rostro de la joven se entristeció, pues aún no sabía por cuál decidirse.
Al cabo de un rato, dijo: -Tio mío, los tres son buenos y arrogantes, no sé a cuál de ellos escoger...; no obstante, propongo un viaje, y aquel que me traiga el regalo más valioso, será el elegido de mi corazón.
Los príncipes se inclinaron ceremoniosamente, y a caballo se dirigieron al País de la Magia, donde existían objetos de propiedades maravillosas. Los mercaderes hacían alabanzas de sus misteriosas mercancías:
-¡Alfombra mágica viajeraaaaaaa...!
-¡Catalejo misterioso que todo lo veeeeeee....!
-¡Manzana maravillosa que cura todas las enfermedades...!
Saud compró la alfombra; Faisal el catalejo, y Amed la manzana. Algún tiempo después, ya de camino hacia Agadir, Faisal confesoó a sus hermanos:
-Siento curiosidad por ver qué hace, en estos momentos, nuestra preciosa prima.
Los otros aprobaron la idea, y aguardaron intrigados a que Faisal les comunicara lo que veía a través del catalejo. Observaron que palidecía, y luego aclaraba: -¡Nuestra prima está gravemente enferma y necesita de un remedio; si no, pronto morirá!
Amed dijo emocionado: -¡Mi manzana la curará!
Entonces subieron los tres hermanos a la alfombra mágica y, en un instante, se presentaron en el palacio real de Agadir. La princesa comió la manzana y sanó, y entonces dijo Amed a su padre:
-Mi regalo ha sido el más valioso y se casará conmigo Fazilé.
Pero el sultán era justo y respondió: -Sin el catalejo no habríais visto a vuestra prima enferma; sin la alfombra de nada hubiera servido el remedio..., de modo que los tres regalos son igualmente maravillosos.
Los tres hermanos comprendieron que tenía razón, y Fazilé, con los ojos húmedos de lágrimas, confesó:
-Dejadme pensar unos días; tal vez encuentre una solución para tan delicado problema.
Aquella noche, Fazilé lloraba amargamenet en su habitación; de pronto se le apareció, radiante de belleza, el Hada Hamina.
-Fazilé, tu llanto me conmueve y voy a revelarte un secreto que quizá contribuya, en parte, a facilitarte tu difícil elección. Estoy enamorada del príncipe Amed, y trataré de conquistar su amor.
La princesa se enjugó el llanto y sonrió:
-Gracias...., pero aún quedan Faisal y Saud...¿Qué debo hacer?
-Te aconsejo que elijas a Saud, el mayor de los tres; heredarás el trono y tú serás una excelente reina...En cuanto a Faisal, he adivinado que, en su mente, se entremezclan confusos tu imagen y los bergantines de la flota del rey; creo que sería un magnífico capitán.
Fazilé saltó del lecho y abrazó al Hada; esta la apartó con suavidad, y luego dijo a la princesa:
-Propondrás a los príncipes un lanzamiento de flechas, cuyo blanco será el corazón de una orquídea.
Al día siguiente, Fazilé propuso cuanto el Hada le había aconsejado y, ante una gran muchedumbre, se celebró la competición.
Saud clavó la flecha en el corazón de la flor, que misteriosamente no se marchitó. La flecha de Faisal fue hallada, inexplicablemente, junto al catalejo que trajera del País de la Magia, y Amed se internó en el bosque, en busca de la suya, que se extravió.
Junto a un árbol le aguardaba el Hada; al verla, quedó prendado de su hermosura. Ella le dijo:
-A mis pies está la flecha que te ha guíado hasta mí...
Emocionado, Amed añadió:
-Escrito estaba que mi corazón hallaría la paz y el verdadero amor.
Fazilé se casó con Saud, y el Hada con Amed. Faisal fue capitán de los bergantines del sultán, y reinó la felicidad.

enero 20, 2007

enCUENTrO CON ENCANTO


"
La amistad es más rara y difícil que el amor, por eso hay que conservarla como sea"

Por la vida, me refiero a la propia, a la de cada uno, desfilan un sin fín de personajes: vecinos, profes, compañeros de colegio, amigos de amigas, amigas de amigos, veraneantes, turistas, peregrinos despistados, cibernautas solitarios, exparejas propias, exparejas ajenas y... Marta, aquí me detengo.

Me caíste bien desde el día que te conocí, porque sí. Después, el paso del tiempo, tan sólo confirmó aquella primera impresión. Marta, estás llena de vida y lo contagias.

El "porque sí" que yo sentía por ti fue innato en mi hija; recuerdo bien cómo se retorcía, un poco incómoda, en brazos familiares y, sin embargo, se acomodaba a la primera en tu regazo.

Andrea tiene un don especial para descubrir a las buenas personas y tú siempre lo has sido.

Jamás olvidaré tu compañía aquella fría mañana de Febrero, ¿recuerdas? gracias Marta.

Andrea y yo te queremos, por eso nos ha encantado compartir contigo un trozo de nuestra vida, antes y ahora.

enero 14, 2007

LOLI


A veces en la vida ocurren terremotos, y sólo cuando el piso acaba de moverse, uno advierte que, entre otras cosas, las nostalgias han cambiado de sitio. (Mario Benedetti)

Los reyes magos vinieron cargando juguetes y regalos, dejaron sonrisas en las casas donde depositaron su equipaje. Todavía hay ilusos que creen que los reyes son los padres y no ven la estrella fugaz que cada madrugada del seis de Enero viene para llevarse algo a cambio.... Se han llevado a Loli, atractiva, hermosa y espléndida, su generosidad rayaba cercana a su belleza. La muñeca que sonreía y siempre tenía algo agradable que decir a quien quisiera escuchar. Se la llevaron sin que ella se diera cuenta, en un segundo, porque los magos son así, reparten sus regalos quedándose con la mejor parte. ¿Sabéis reyes de Oriente? Aquí la echamos mucho de menos y no sé cómo vamos a hacer para aprender a vivir sin ella. Me gustaría cantar como Orfeo para engatusaros y, sin mirar atrás, traerla de nuevo a su casa. O decir aquello que escuchó Lázaro: “levántate y anda”. Ni canto como el primero, ni mi voz es poderosa como la del segundo. Es difícil entender que no hay explicación para su marcha, es tan fácil echarla de menos y tan complicado saber que no está. Así que, aunque ya no es tiempo de cartas reales, envío un último deseo: que ella esté bien, que descanse en paz y que, por favor, su recuerdo llene el gran vacío que ha dejado en todos los que la queremos.