noviembre 30, 2006

DEL IMPERIO AUSTRO HÚNGARO AL HORÓSCOPO CHINO. CARACTERÍSTICAS REALES.

Hay dos grandes zoológicos en este planeta que habitamos. Aunque algunos se empeñan en predicar las múltiples diferencias que existen entre ambos géneros y razas del lugar, creo que nos parecemos tanto que algunos tipos de agrupamientos terminan, digamos, en escándalo.

Por poner un ejemplo, que no quiero cansar, voy a contarles un cuento con principio y final.

Existe un lugar, entre Austria y Hungría, donde desde hace tres siglos no aguantan ni a su tía.
Entre primos se casan, por lo de perpetuar la dinastía, mezclan a Sissí con Drácula con premeditación y alevosía.

Parece mentira que habiendo emperadores, de todo lo bueno que se puede conseguir son poseedores (no hay más que mirar las fotos que cuelgan en sus comedores) omo decía, que me lío, no hay corte imperial que no cuente con un mago o adivino magistral. Y aquí empieza el no va más, señores, porque entre Austria y Hungría, Sissí comía flan chino mandarín mientras Drácula se pirraba por chupar sangre a las pibas.

Como Drácula no cumplía con su misión en el cuento, le cambiamos por Paco Pepe, tiene que ganarse el sueldo. El vástago de Sissí pasó a la posteridad provocando el primer conflicto mundial, y es que la zona promete no hay más que revisar almanaques de conflictos durante el pasado siglo veinte.

Lo cierto es que de aquella costumbre de la emperatriz, ¿recuerdan? el flan mandarín, suministrado por el mago o adivino magistral llegó a occidente el gran zoológico astral.

Donde nace el sol rigen su destino por la luna, originales que son los seguidores de Buda. Allí los días no forman meses, los años son lunares del cielito lindo, doce lunas nuevas tiene cada uno, con premio: cada doce años te regalan una para colgar en el techo.

Buda, gran observador, girando el cuello hacia arriba, de todo esto se dio cuenta. El movimiento le provocaba un corte de suministro arterial; haciéndole percibir asuntos de importancia ninguna.

Estaba el buen hombre así, con esa postura, mirando al cielo, concretamente a la luna....doce años sin moverse, durante los cuales tuvo una visión, no confundir con alucinación: “el hombre es un animal y como tal se comporta”.

Así que cada doce años, al bajar la cabeza, el primer animal que veía pasar ejercía sobre él una influencia sideral, entrando en otra dimensión se aventuró a formar doce historias, no creas que ahí paró por supersticioso, no, es que Buda se murió.


El caso es que dejó un zoológico cósmico por el que se guían los poseedores de la verdad. A saber:

LA RATA, no vive en ninguna cloaca. Hay algunas muy presumidas y otros que se pirran por los dientes.

EL BUFALO, en su otra vida fue zapatero, en ésta ha creado un rico comercio de productos que sirven para lustrar calzado.

EL TIGRE, con tanta raya que lleva encima no es de extrañar que huela mucho y mal.

EL GATO, la verdad es que tiene bastante mala pata: se cayó a un pozo y las tripas le hicieron gua, se cae del tejado al enterarse de que le van a casar...en fin, menos mal que tiene siete vidas, arremoto-piti-poto, arremoto-pitipá.

EL DRAGÓN, un pobre solitario que padece de halitosis, se dedica a secuestrar princesas con problemas de nariz.

LA SERPIENTE, no volvió a ser la misma después de lo sucedido con Eva. Ha escrito varios best seller, el más famoso fue llevado al cine: “Al este del Edén”

EL CABALLO, ha acabado con la vida de montones de buenas personas que no sabían decir no. Siempre ha envidiado a las cebras, ellas no tienen úlcera.

LA CABRA, se lo pasa bomba haciendo el ídem. Le gustan los deportes de riesgo: escalada, salting, acrobating. Le tira pasar las vacaciones en el monte.

EL MONO, viven con un gran desasosiego producido por el efecto abstinente de cualquier tipo de sustancia adictiva (con o sin cafeína)

EL GALLO, es el amo del corral, le encanta lucir las plumas y lleva en torno a sí un harén. Tiene muy mal carácter, cuidadín con él.

EL PERRO, los hay de dos tipos: los que son leales y los que muerden; de los primeros no te fíes, a los segundos regálales un bozal.

EL CERDO, se aprovecha todo de él; viene bien tener alguno cerca, eso sí, que utilice un buen desodorante.

noviembre 19, 2006

LAS MALAS COSTUMBRES

Entre Los Altos de Nava y la Palomera hay un gran descampado por el que cruza un tren de vía estrecha. Antes, hace un par de décadas, ese campo estaba lleno de granjas y de vacas pastando. Después del verde está la universidad. Había llovido y dos grandes excavadoras removían la tierra, en esta ciudad no salen setas tras la humedad, aparecen zonas residenciales que permitirán enriquecerse a unos pocos e hipotecarse a quienes puedan, pero esta historia no va de ladrillos.
Crucé la vía del tren y vi un diplodocus amarillo hundir sus fauces en el césped, ¿qué otra cosa se puede esperar de un dinosaurio? no fue eso lo que hizo que, por una vez, centrara mi atención (lo reconozco, tengo un don especial para evadirme, eso que algunos llaman "pensar en las musarañas"). Lo que me sorprendió fue ver a diez jubilados, diez, los conté, colocados aleatoriamente frente al gran depredador y mirando, extasiados, como penetraba en la tierra.
¿Será por eso que construyen y construyen sin parar? para que los jubilados ocupen su tiempo libre, después de todo, esta ciudad se está convirtiendo en un gran geriátrico. Preciosa, sí, de paseo peatonal, también.
Lo de ir por la calle pensando en las musarañas, hace que año tras año, por estas fechas, no me de cuenta de cómo han salido campanas, flores y estrellas en las calles del centro, suspendidas en medio de la nada, preparadas para iluminar la blanca navidad. Este año les pillé, con una grúa tiraban cables de los que luego colgarán, casi transparentes, los tubos de neón.
Tengo la mala costumbre de no llevar conmigo la cámara de fotos, no he podido inmortalizar los dos eventos que me han permitido darme cuenta de algo: a los jubilados no les gustan las luces de navidad.