marzo 30, 2006

AUTORRETRATO


De Lunes a Viernes.
De Septiembre a Junio.

Cada mañana atravesamos el parque, la pasadera sobre las vías del tren que llevaba el carbón de la montaña a los altos hornos de Bilbao (hace tanto de aquello...)

Chopos y castaños de indias, alineados sobre los raíles, componen el jardín. El paso de los meses cambia su color: amarillo-ñal, blanco-invernón, verde-primaver... Al otro lado de la pasarela: una plaza, una carretera, una cuesta y el colegio de mi hija, Andrea.

El paso de los años va cambiando nuestro andar sobre el camino:
Educación infantil, "¿te llevo a caballito?", "¡chuli mami, sí¡";
Primer ciclo de primaria, "¿jugamos al veo, veo?";
Segundo ciclo de primaria: "mami, ¿me preguntas la tabla?";
Tercer ciclo de primaria: "hoy tengo examen de inglés, Let´s go, it´s late"

Año tras año, las ramas del penúltimo castaño comienzan a llenarse de brotes, a pesar de la helada. Es el primero en vestirse de hojas. Sus compañeros se giran, afinando el oído escuchamos la conversación:

-¿Has visto a este presumido?
-No espabila, ¿de qué le sirve florecer? ¡estamos a primeros de mes!

Al castaño no le afecta lo que murmuran entre ramas. En cuanto llega Marzo, su savia fluye y estalla.
-Mami, ¿por qué le ocurre sólo a él?
-Porque sueña más que el resto.


Subiendo a la manzana (Ana C.)




La casa en la que vivo (no puedo decir que es mía, cierto banco cántabro central ibérico posee la escritura en propiedad). Sujeta a una hipoteca (esa sí me pertenece en su totalidad) que pago con gran parte del salario obtenido, a cambio de:

1.-atender a posibles usuarios por medio del teléfono o personalmente,
2.-asignarles consulta, cobrar su tratamiento, registrar dicho pago y
3.-demás tareas propias del ente psico-administrativo;

no tiene ascensor, se fugó dejando a su esposa, la escalera, con sesenta y tres peldaños que mantener. Conozco bien a todos y cada uno de ellos, su madre los presenta cuando llego a casa por la tarde:

-El nº 27 tiene tos, procure subir de dos en dos.

No es una escalera corriente, suena en rima:

-¿Qué tal fue el día? Es usted afortunada, trabaja en Gran Vía. Seguro que aquella escalera no ha sido abandonada, disculpe, no quiero ser pesada, pero....¿allí sigue el ascensor? Contésteme, por favor.

Dejo la bolsa de la compra en el descansillo, sobre el escalón cincuenta:

-Por haber, hay dos.

La escalera se encoge y suspira:

-Hasta mañana, señorita, me gusta su chaqueta de pana. Adiós, aayyyy estoy frita.

Acostumbrada a estos diálogos normales, no me sorprendí esta mañana, al abrir la puerta en Gran Vía una señora manzana lloraba:
-Necesito consulta...¡ya!

Allí no hay servicio de guardia, ni agenda de urgencias...
-Tendrá que esperar una semana...
-¿No puede ser antes?

La manzana lloraba sin parar.

-Una semana así...dejaré de existir. Porque a mí las lágrimas no me des-ahogan, me des-integran, ¿se da cuenta?

Ganas me daban de coger un vaso y llenarlo de zumo.


-¿Cuál es el problema?:
¿Un gusano agujereador?
¿Alguna peste de manzano?
¿Época de recolección?

-Peor, mucho peor. Padezco una crisis existencial, quiero un cambio de identidad, demasiada mala prensa.
-¿Mala prensa las manzanas? Pensaba que ese mal era exclusivo de los limones.
-Mala prensa sí, gracias a la historia.

Aquello se ponía interesante, invité a la manzana a sentarse, ambas entramos en la sala de es-pera.
-Qué acogedor es este lugar, parece un huerto primaveral.

La manzana se calmó, dijo muy seria:

-Todo empezó con Eva.
-¿Eva? ¿Quién es?
-La primera mujer. ¿No tenía otro fruto que escoger? Y aquel gusano reptil...
-¿Se refiere usted a Adán?
-No. A la serpiente, sí.
-¡Ah!
-¿Y qué me dice de Paris?
-¿Capital de Francia?
-No. El hombre que tuvo que asignar "la manzana de la discordia", requetatatatarabuela mía. Aquella por la que una incordiona, que bien pudo ahorrarse el regalo de boda, preparó la de Troya. Mi pobre requetatatatarabuela, bañada en oro, mortalmente tatuada: “Para la más bella”...
-¿Y qué pasó?
-Pasó que Hera, Atenea y Afrodita se adjudicaban la fruta. Tres para una.
-¿La repartieron?
-No, las tres se consideraban la más bella y ésa fue la discordia...Zeus se lavó las manos como Pitágoras...
-¿Cómo Pitágoras?
-¿Acaso Pitágoras no se lavaba las manos? Se desentendió del asunto y escogió a Paris, gigoló cotizado del momento, para que adjudicara a mi requetatatatarabuela.
-¿Y qué decidió?
-Las tres diosas le ofrecieron regalos a cambio de su elección. Atenea le ofreció ser el hombre más sabio del momento, Hera le ofreció una gran finca y Afrodita a la mujer más bella...¿Imaginas qué escogió?
-Algunos hombres...tienen el cerebro entre las piernas.
-Mi requetatatatarabuela pasó a manos de Afrodita y Helena a las de Paris; abandonó a su marido y...
-Ardió Troya, sí, eso ya lo sé.

Doña Manzana Verde, se ponía roja de ira mientras recordaba:

-Hasta en los cuentos infantiles nos humillan. ¿Quién fue la causante de la muerte de BlancaNieves?
-La bruja, ¿no?
-No, la manzana emponzoñada.
-La noto un zumín negativa.
-Represento lo prohibido, el pecado. Soy tierna, desgarradora, delicada, hiriente. De momento lozana pero presa del transcurso del tiempo que me marchita...
-Puedes dejar de ser manzana, si ése es tu deseo. A pesar de lo que me has contado, olvidas alguna cosa.
-¿Qué olvido?
-Eres el fruto del árbol del conocimiento, la manzana es el símbolo de la alegría y de la primavera. Los celtas consideraban al manzano y a la manzana como símbolos del amor, del saber, de la suerte... Podría ser que tu mala fama se deba a una analogía entre "mal" y "manzana". Problemas de traducción, ignorancia de la etimología.
-¿Problemas de traducción?
-Sí. En griego antiguo, "manzano" se decía "mêlon", palabra que pasa al latín popular como "melum" designando tanto al fruto del manzano como a otras frutas. Pero en latín clásico, ya existía "malum", vocablo proveniente esta vez del griego "mâlon", que significaba "calamidad" o "desgracia”.
-¿Un problema de lenguaje?
-Exacto, de todas formas puedes dejar de ser manzana.
-¿Cómo?
-Puedo hacer contigo compota, sidra, zumo de manzana, deliciosa tarta...
-Es buena idea, así no me marchito. ¿Qué me aconsejas?
-La sidra asturiana.

Una gran sonrisa borró las lágrimas de Doña Manzana Verde.
-¿Cuánto te debo?
-Nada, invita la casa.

La casa en la que vivo no tiene ascensor, la escalera me espera cuando llego:
-Buenas noches Ana, tiene buena pinta esa manzana.






marzo 27, 2006

AMOR, COLOR, HUMOR





Cuarenta y un día atrás, me preguntaron si estaba ENAMORADA.

Después de pensar dos o tres segundos -una eternidad- respondí:


-No, estoy ANA-MORADA.


Me había vestido del color de la pasión (¿cómo se pone uno cuando algo le gusta mucho? pues eso).

Treinta y muchos después de atrás, extirpé el penúltimo brote trágico que rondaba en mis entretelas y es que aconsejáronme que piense en verde, color de moda esta primavera, envoltorio hepático curapenas.

Veintipico -cua- más tarde de después, sufrí una noche de insomnio: negro. Recordé el mandamiento onceavo de las tablas escritas en el monte Sinaí (Moisés dixit):

XI. PLANCHARÁS LA ROPA ACUMULADA CUANDO NO PUEDAS DORMIR

Una que es hacendosa, pero siempre deja arrugas para vigilias estelares, cumplió con el divino mandamiento.

Diez transcurrieron más tarde, del negro al marrón.

Hay días –ya lo canta alguna Luz- que soy sin estar, estoy sin ser, “vivo sin vivir en mi” de ocupa en algún lejano lugar...desafino:

Marzo ventoso, Abril lluvioso, sacan a Mayo...sin capullos, plís.
Junio vacaciones, Sitges en Julio...¡puf! Agosto a tragantones.
Un, dos, tres (Septiembre) al cole otra vez. Octubre avellana.
Noviembre... no sé si tendré ganas. En Diciembre vuelve a casa, año nuevo sin Don Juan...

-¿No es verdad, ángel de amor, que en esta norteña villa, más pura la luna brilla y se respira mejor?
-Y voy y no me lo creo...(ya era hora)

No obstante, ayer ENHUMORADA me quedé con mi niña y las sobrinas: risas, paseos, pañales, purés...

Hoy estoy naranja mandarina.

Mañana... qui lo sá?





marzo 23, 2006

EGO ME ABSOLVO


La abuela Carmen me hizo un regalo, recuerdo entre nebulosas, tendría yo cuatro años.

Un día de verano infantil en Barcelona: húmedo, cálido y feliz... Un edificio cercano al puerto; entré con ella, mis padres y mi tío. Yo estaba muy contenta, iban a hacerme un “obsequio brillante”, eso dijo mi abuelita.

En aquel lugar no había juguetes, tan sólo cajas de terciopelo llenas de medallas y cadenas. “Elige una”.

Escogí un círculo de oro, ribeteado con triángulos. En el centro no había cruces, ni vírgenes, destellaban rayos de sol. “Me gusta ésta”. Mientras un señor muy grande escribía mi primer nombre en el reverso, con letras muy pequeñas, los mayores elegían una cadena para completar el presente.

A medida que cumplí años la cadena ascendió sobre mi pecho; me acompañó en los momentos felices y en los otros. Compartió conmigo el sudor del verano, el frío del invierno, el primer beso, horas de lectura, caricias a escondidas, lágrimas por desamor, días de fiesta, noches de sueños. Me sentía protegida con aquel don cuando mi abuela se fue.

Actuó como talismán mientras, dentro de mí, crecía mi niña. El primer abrazo filial, sus primeras palabras, pasos y letras, quedaron recogidas en alguno de los rayos de aquel colgante de amor.

La alegría de mi hija y aquel adorno, actuaban como salvavidas en la amarga ciénaga que era mi vida. En aquella época, a alguien conocido le diagnosticaron una grave enfermedad; me asusté al sentir envidia en lugar de compasión, yo no quería vivir. Recé como mi abuela me enseñó, a solas. Necesitaba una isla donde refugiarme de aquel naufragio o me ahogaría sin remedio.

Hay que tener mucho cuidado con los deseos, a veces se cumplen...

Acostumbrada a sobrevivir entre penumbras, la luz me volvió resplandeciente. No supe gestionar felicidad a borbotones, padecí una quiebra total por alegría.

Abandoné el pantano. Me llevé a mi hija, algún libro y la música que me había sostenido en el desastre, no necesitaba nada más.

La ilusión tenía nombre, sexo y género masculino con acento andaluz.

Un día de verano joven en León: seco, caluroso y feliz... le regalé mi talismán,(los regalos no se regalan, perdóname abuelita), con él, mi corazón envuelto en amistad. A cambio recibí un símbolo dorado: una sirena abrazada por un ángel. Recuperé mi piel, volví al mar.

Pequé queriendo convertir en realidad la fantasía, le perdí. Su amor no me pertenecía, aunque él se apoderó del mío. Volví al desastroso pantano y el lodo lo cubrió todo de pesadilla. Tuve que salir huyendo, me perdí. Intenté olvidarle en otros brazos... error, tras error.

La última noticia que tuve del sur llegó hace seis años, en carta de la dueña de su afecto (no tuviste, ni tienes, vísceras suficientes para dar la cara; todo palabrería y mentira. Cobarde) “No te sientas culpable, fuisteis los dos. Olvídanos, quemamos todas tus fotos y cartas, no queremos saber más de ti, que te vaya bien” Mis verdugos desconocen que la inquisición ejercía magia negra. Como una bruja medieval, ardí en la hoguera.

Quemaste también tu regalo: mi corazón.

Vuestro fuego destructivo no lo abrasó, al contrario, lo encendió y arde de amor. Yo propago el incendio, puedo hacerlo sola.

Ego me absolvo. Acabó el tiempo de reclusión por comer fruto de Granada.

marzo 09, 2006

23-08-1914 / 09-03-1986



Nació en 1914, se llamaba Carmen.

No sé qué soñaba cuando era niña, sé que la única muñeca que tuvo se la fabricó ella misma, ya apuntaba maneras de hada mágica. El juego diario era el del trabajo, dentro y fuera de la casa. Nadie la enseñó a leer, ni a escribir, ni a sumar, tampoco a restar. A pesar del juego diario, tenía tiempo para recoger plantas en el bosque, le gustaba tomar infusiones.

De la aldea se fue a Betanzos, después a Barcelona, trabajaba jugando a limpiar casitas donde vivían personas desconocidas. Todo el mundo la respetaba y admiraba por su buen bien-hacer, su elegancia innata; nadie le enseñó protocolos o tratamientos a terceros. Nunca oí de su boca hablar mal de familia, vecinos o amigos, tampoco ella dio motivos para recibir queja alguna.

Mi abuela Carmen estaba llena de fe. En los años de guerra (in)civil, cuando nadie tenía nada, compró una lámpara que le costó el sueldo de un año. Aquella luz nunca iluminó su casa, sigue colgada del techo de la iglesia, en la aldea donde nació.

Por entonces, se enamoró de quien llegaría a ser mi abuelo. Tal vez la lámpara fue su manera de dar las gracias por conocerlo, tal vez.

Era una mujer muy devota, de las de misa diaria, comunión, rosario, fiestas de guardar... Años después, mi abuelo enfermó -cáncer de laringe- y ella fue andando ocho kilómetros, descalza, a un santuario en honor de alguna de las muchas vírgenes integrantes de la parafernalia católica, a rogar que él se recuperara. En el año 1964 tenía mal pronóstico aquella enfermedad, murió.

Mi abuela quedó viuda con dos hijos (mi padre y mi tío). Supongo que se sintió terriblemente asustada, con una mísera pensión... se volcó en lo que tenía: sus hijos y su fe. Al poco de morir mi abuelo, el cura de la parroquia fue a visitarla; ella pensó que quería acompañarla en su dolor, pero no, fue a decirle que había que dejar más dinero en el cepillo de la iglesia. La decepción que debió sentir... su fe se hacía añicos. En aquellos días debieron de ir por su casa los testigos de Jehová, mi abuela encontró nueva iglesia donde recomponer su alma. Lo mismo que fue fanática para la una, se hizo fundamentalista para la otra.
Cuando yo era pequeña, si mi abuela hubiera sido budista yo también... lo vivía todo con tanta intensidad...y era tan buena, paciente, cariñosa y atenta conmigo...

Unos años después de que mi abuelo muriera, ella se fue a vivir a Barcelona con mi tío. Venía a menudo a vernos. Cuando llegaba, para mi, era una fiesta. El primer día, por la emoción, no podía dormir y me decía:"piensa en el paraíso, tendremos un caballo y estará el abuelo".

Los años fueron pasando, yo crecí; no me gusta la gente que se cree en posesión de la verdad, cada uno tiene la suya. Se llevó un gran disgusto cuando le dije que no creía en ninguna religión, nuestros paraísos son diferentes; decir, no me dijo nada al respecto, lo único: “tú misma, que tengas mucha suerte, hija” No la vi más, volvió a Barcelona y su corazón se paró.

Han pasado, exactamente, veinte años desde que me dio el último beso.

Recuerdo su cara (abuelita, pareces un gato de ojos verdes, miau) el dulce sonido de su voz, la alegría de su risa en carcajada, las brevas y manzanas de los veranos en la aldea, el aroma cálido que respiraba cuando dormía a su lado.

Recuerdo cómo, por arte de magia, transformaba jirones de tela en vestidos, para mi muñeca Nancy; madejas de lana en ponchos de colores, para engañar al frío del norte; telas de lunares en vestidos de flamencas, para mis primas, para mí.

La miraba hipnotizada cuando convertía harina, agua y sal en blanca plastilina para hacer figuras y, después, rellenaba aquella masa; comida deliciosa...”empanada”. Cada vez que pelo patatas parece que la escucho: “pela más fino, hija, dejas media patata, el hambre que pasamos, hasta las mondas se comían...”

Han pasado, exactamente, veinte años y sigo soñando con ella. En mis sueños siempre le digo cuánto la quiero, cómo la echo de menos.

-Abuelita, un beso, buenas noches.

marzo 08, 2006

8 de Marzo Día de la Mujer Trabajadora


En memoria de quienes dejaron su vida luchando por la justicia de un salario digno.
En memoria de quienes dejaron su vida luchando por la justicia de un salario.
En memoria de quienes dejaron su vida luchando por la justicia.
En memoria de quienes dejaron su vida luchando.
En memoria de quienes dejaron su vida.
En memoria de quienes dejaron.
¿En memoria de quienes?
En memoria de...
En memoria.

marzo 07, 2006

7 de Marzo: según el santoral, Perpetua (y) Felicidad


EL HITO DE LA FELICIDAD (Ana C.)
Confieso haber leído algún libro de los que llaman "de auto-ayuda", me recuerdan a los libros de cocina malos, esos tan exquisitos donde enseñan a elaborar productos "delicatessen", de groumet -o como se escriba- Indican los ingredientes pero no dicen dónde encontrarlos, con lo cual... uno sigue comiendo alubias o cocido, que también está muy bien. Dice Gustavo Bueno (2005, "El mito de la Felicidad", Ediciones B, Barcelona) hablando de algunos autores de este tipo de libros cosas como: "el libro de Enrique Rojas es interesante sociológicamente, porque el simple abultado volumen de sus ventas nos recuerda la existencia de una gran masa de lectores de "pueril inteligencia" que, sin embargo, se considera probablemente como miembros de una élite social (puesto que leen libros con citas en latín, fórmulas transcendentales, etc." "Tengo en las manos otro libro de un médico, Jorge Bucay, El camino de la felicidad. Si utilizásemos, en nuestra taxonomía, el rótulo "literatura basura sobre la felicidad", el libro de Bucay podría servir de prototipo. Y esto sin poner en duda que el libro pueda ser útil, como libro de autoayuda, para promover la felicidad de numerosos/as lectores/as cuya mente tenga "la blancura de la estupidez sin la menor mancha de inteligencia". Lo que ya no está tan claro es si merece la pena que semejantes lectores puedan además llegar a sentirse felices.

En fin, Gustavo Bueno dixit. Lo que sí es cierto es que, en general, no nos educan para aprender a tolerar las pequeñas frustraciones de cada día, todo está basado en el bien-estar-yo, en el bien-sentir-yo; si nos enseñaran (en la familia, en las instituciones educativas, en los medios de información que no de conocimiento) el bien-hacer-yo y valorar el esfuerzo que requiere conseguir las pequeñas cosas... tal vez el mundo empezaría a ser diferente.

Los dolores humanos -pequeños o grandes- son comunes a todas las personas; es inteligente buscar y/o pedir ayuda cuando se necesita, porque hay veces que uno empieza a escarbar "en su interior" olvidándose de lo que tiene alrededor, sin darse cuenta de: "yo soy yo y mis circunstancias". Se pueden cambiar las circunstancias, se pueden cambiar los pensamientos, se puede decidir pasar una noche en compañía de la ansiedad y el insomnio, o pasear con nuestra soledad e ir a trabajar envueltos en tristeza, no pasa nada por eso. Sin ánimo de dudar de las terapias psicológicas, sé perfectamente que son necesarias en muchos casos, ¿no es, principalmente, un problema de educación?

marzo 05, 2006

Alguna vez, sí. Esta noche, no. (Ana C.)


(Oleo: Andrea Mateo)

¿Has probado el vértigo del vacío?
Alguna vez, sí. ¿Alguna vez has visto el abismo a tus pies?
¿Oyes el gemido del viento fundiéndose en las olas contra el acantilado?
¿Puedes oler la soledad?
¿Tocará tu corazón el dolor?

Esta noche, no.

Esta noche vi el abismo, probé el vacío, escuché el viento, huelo a soledad y el dolor no me tocará.

Marina al óleo (Andrea Mateo)

marzo 04, 2006

ALB-AÑIL (Ana C.)




Lo decidí una tarde de sábado, mientras compraba los regalos de Navidad. En contra de la opinión general, a mí, me gustan esas fechas, como a los niños y a los pequeños-medianos-grandes empresarios del consumo; reconozco mi vicio materia-lista, en contraposición al vicio materia-tonta. “Hay más felicidad en dar que en recibir”, decía mi abuela.

Lo decidí mientras buscaba un jersey de lana, para abrazar a mi hermano; un pijama con zapatillas para reconfortar a mi nueva hermana; llaves musicales de colores para las peques que llegaron en el último año; un par de electrodomésticos: báscula electrónica y mini bañera, para que mis padres pesen su amor cada día mientras se dan un hidromasaje en los pies; bellas palabras encuadernadas y música para que mi niña se divierta.

Lo decidí al volver a casa, preparando la cena que iba a compartir con mis amigas.

Lo decidí con el postre, entre cucharada de pastel y sorbito de cava catalán.

Lo dije después del brindis:

-Voy a hacer obras en casa.
-¡No sabes dónde te metes! Eso empieza pero no termina nunca. Si está bien así, como está.
-Necesito tirar tabiques, hacer la ventana más grande.
-¿Qué ventana?
-La ventana desde donde miro al exterior.
-Ajusta bien el presupuesto, que no te estafen. ¿Ya sabes quién lo va a hacer?
-Ni idea.

Y mientras comentaban los desarreglos que sufrieron en sus mudanzas y acomodos a nuevos domicilios, salimos a bailar la noche. En esta ciudad se bebe en seco y se danza en húmedo. La opinión general es contraria a las fiestas navideñas, el común de los mortales lo celebra en cenas, públicas primero, privadas después. La noche del sábado, en el que compré los regalos de Navidad, no cabía un alfiler en los tugurios del húmedo. Jefes, empleados, oficinistas, maquinistas, maestros, músicos, jubilados, poetas, pintores, solteros y divorciados. Estudiantes, licenciados, diplomados, cuentistas, contables, bancarios –que no banqueros- , vendedores, mecánicos, técnicos superiores y de grado medio, peluqueros, electricistas, impostores, novios y casados. Todos celebraban:

a) que esa noche el jefe había pagado la cena
b) que esa noche se habían librado de la cena en casa
c) que esa noche iba a tirar los tejos a alguien
d) que esa noche alguien le iba a tirar los tejos
e) no sabe, no contesta.

El ganador del concurso “plasta de la noche”, hacía lo propio conmigo. Yo ponía en práctica lo contrario de lo que aprendí en el curso “Cómo ligar”; curso teórico muy recomendable, subvencionado por las arcas del bienestar. No miraba, no escuchaba, es más, me di la vuelta. Surtió doble efecto, el plasta se fue y el primer premio “sonrisa andante” tropezó conmigo.

Primera fase: Llamar la atención.

Segunda fase: Reconocimiento (el encuentro de miradas)

Mirar-sonreír-desviar la mirada-volver a mirar

Tercera fase: “la charla”

“tú me interesas, soy inofensivo/a”
Acercarse
Iniciar la conversación

-Quédate.
-Es que voy a la barra, a pedir algo.
-Vale, pues vas y vuelves.
-Hecho.

Prueba superada.

Sonrisa andante volvió, con una copa y dos amigos.
-Hola, me llamo Alb-Añil.
-Nombre original.
-A juego conmigo. Y tú, ¿cómo te llamas?
-Alma Cándida, gracias a mi madrina, que dijo: a la niña hay que ponerle nombre compuesto, para que no sea simple.
-¿Compuesta y con novio?
-Compuesta de cabeza, tronco y extremidades. Sin apéndices.

Sonrisa andante, es decir, Alb-Añil, se aproximó más.

-¿Vives en esta ciudad?
-Sí, ¿y tú?
-Cuarenta kilómetros al sur.
-¿Al sur?
-Sí. ¿Cómo hay tanta gente hoy aquí?
-Por dos razones: las cenas navideñas de empresa.
-¿Y la otra razón? Has dicho dos.
-Es mi cumpleaños, habrán venido a felicitarme.

Alb-Añil, es decir, sonrisa andante, se aproximó más.

-Felicidades.
-Gracias.
-¿Cuántos cumples?
-¿Cuántos crees?
-Qué más da...¿vienes mucho por aquí?
-De vez en cuando.
-A mí me gusta salir a menudo, tomar mis copas, conocer gente, en fin...ya sabes.
-¿Por qué tienes acento asturiano, si vives al sur?
-Calla, calla. Hasta hace unos meses, iba mucho por allí, los acentos se pegan.
-Y, además de tomar tus copas, conocer gente, en fin...ya sabes ¿te dedicas a algo más?
-Trabajo en la construcción.

Y empezaron a sonar campanas. Sonrisa andante, es decir, Alb-mirada-Añil, trabaja en la construcción y llega cuando decido hacer obras en casa... Él seguía hablando, de lo que hacía, de lo que pensaba, de lo que le gustaba, de lo que soñaba, de lo que le angustiaba.

Cuarta fase: Primeras señales de intención

“¿te gustaría que estuviésemos juntos?”

-Aumentan las señales no verbales y paraverbales, la voz cambia.
-Aumenta la sincronía de movimientos.
-Aumenta la empatía (contagio emocional)
-Insinuaciones verbales –el lenguaje cambia-

Las palabras seducen porque tienen sonidos suaves, tienen significados que nos relacionan con los sentimientos, las sensaciones y el cuerpo, tienen parecido con otras de gran carga erótica, existe una historia de condicionamiento emocional individual y colectivo.

-Quiero hacer unos cambios estructurales en mi casa.
-Ése es mi trabajo y lo hago bien.
-Necesito amplitud. Tirar tabiques y cambiar una ventana.
-Mi especialidad. ¿Cuándo me enseñas tu casa?
-¿Tienes prisa?
-Ninguna. Si quieres, te doy mi teléfono y cuando lo decidas bien, lo del cambio, me llamas y veo lo que se puede hacer.
-De acuerdo, te llamaré.


Lo decidí mientras dormía la siesta en el sofá, soñé que Alb-Añil hacía un palacio con mi casa. Al despertarme le llamé.

-Hola Alb-Añil, soy Alma, ¿me recuerdas?.
-Claro.
-Verás, he pensado que me gustaría empezar la obra cuanto antes.
-Ya estoy ahí.


Quinta fase: sincronía y sintonía emocional: contacto físico

“Te deseo”


La mirada y la boca
Proximidad de los cuerpos
Exhibición del cuerpo
Movimientos sincrónicos y envolvimiento
Empatía global, contagio emocional
Lenguaje concreto, sensual, deseos, sentimientos
Sonrisa continuada
Voz susurrante, acariciadora, entonaciones infantiles
Contacto físico mantenido, caricias...beso


Cuando Alb-Añil llegó, equipado con sus herramientas de trabajo, tenía cara de susto.
-Para ser tu especialidad...traes una cara muy rara.
-No te expliqué que, a veces, cuando se tiran tabiques salen fantasmas.
-¿Fantasmas? Yo no creo en esas cosas.
-Bueno, te lo advierto, no quiero que luego me eches en cara que no te avisé.
-Lo que quiero es espacio libre, no sábanas encadenadas.

Mis amigas se equivocaron o encontré un trabajador de la construcción muy eficaz. Supe cuándo empezó y terminó antes de lo previsto.
Espacio libre tengo, Alb-Añil estaba en lo cierto, de vez en cuando alguien canta en mi casa y tiene acento andaluz.

Lo decidí al terminar de escribir, necesito un caza fantasmas.