noviembre 24, 2005

GRANADA

Llegué triste a Granada, sí, muy triste. No fui capaz de conciliar el sueño en todo el viaje.

Es la ciudad de las puertas y las penas, dieciocho puertas, quién sabe cuántas penas entre ellas. Después de todo el paseo más famoso es el de los tristes; la fuente más visitada, Aynadamar, la de las lágrimas; el Carmen más visto, el de los Mártires. Los granadinos tienen como patrona a la virgen de las Angustias y alardean de su “mala follá” (anda que no), el término proviene de antaño, cuando a quien no servía para más, le enviaban a soplar en los fuelles que había en el Sacromonte…y ni para eso, ni para soplar.

El autobús llegó a la estación del sur, miré por la ventanilla, por si estaba allí de pie, esperando, camisa blanca de mi esperanza. Nadie, nada. Recogí mi maleta, con ella me detuve en el lugar donde le vi por última vez… aquella mueca extraña entre alivio y desgana.

No hubo problema para encontrar taxi en la madrugada.

-¿Dónde la llevo señorita?
-Hostal Verona.

Lo elegí por el nombre, la ciudad de Romeo y Julieta.

-Eso está en el centro. ¿Por dónde la llevo?
-Por donde quiera.
-Una mujer guapa no debería decir esas cosas, me está diciendo que la lleve donde quiera.
-No, le digo que me lleve por donde quiera, no sé cuál es el camino más rápido, así que puede usted engañarme.
-Eso no se hace nunca, señorita, a los forasteros hay que tratarlos bien, para que vuelvan. ¿Conoce Granada?
-Es la cuarta vez que vengo.
-Hace frío estos días, ¿viene de Madrid?
-No, de León.

-Ya me parecía a mí. Yo tuve una novia leonesa, ¿sabe? Hace más de treinta años, ¡qué mujer aquella! La conocí en Mallorca, porque yo me fui allá a trabajar cuando terminé el servicio militar y tenía aquí una novia pero a ella no le importaba. ¡Qué mujer aquella! Lo daba todo por mí, hubiera sido muy feliz con ella, pero ya sabe, en aquella época...ella era una mujer de segunda mano ¿comprende?
-No
-Pues que ya había estado con otros y en aquella época contaba mucho aquello. Así éramos, hubiera sido muy feliz con ella; pero yo tenía a mi novia de toda la vida...se vino también a Mallorca a trabajar, yo se lo dije a la otra y lo entendió todo, ¡qué mujer aquella! ¿Sabe? La recuerdo cada día. Con ella me hubieran ido mejor las cosas.
-Eso nunca se sabe.
-Yo sí lo sé. Antes había mucho reparo con esas cosas, ahora no. La gente se casa y se divorcia, tienen muchas novias y novios, pero antes... ¡qué feliz hubiera sido con ella!
-Ya sabe lo que dicen sobre las oportunidades.
-¿Qué dicen?
-Que son como los amaneceres, si tardas mucho te los pierdes.
-No lo había oído nunca, está bien. ¿Está casada?
-No, soy de segunda mano.
-Ahora es distinto señorita. ¿Tiene hijos?
-Sí, una hija.
-¿Viene a trabajar?
-No, a un curso, en la universidad.
-Gran Vía de Colón, ya hemos llegado. El hostal está ahí en frente. Que tenga una feliz estancia y vuelva pronto.
-Gracias, lo haré.